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La rentabilidad de un roce

La rentabilidad de un roce

  • El Levante se lleva el triunfo de Zaragoza con el gol de Roger y su muralla defensiva

Si quieren conseguir una buena rentabilidad, su asesor debe ser Juan Ramón López Muñiz. El técnico ha logrado que en cada partido el Levante de una exhibición de ese arte que considera a la eficacia por encima de todas las cosas. Y sus efectos en la clasificación son espectaculares, con 15 puntos por encima del tercer clasificado. Ayer de nuevo los granotas volvieron a mostrar su tremenda habilidad para sacarle el máximo partido a sus aciertos. Aunque fuera con un simple roce del balón.

Así lo hizo Roger, que desvió de forma casi imperceptible la pelota para batir al Zaragoza. Un tanto del pistolero y el resto del partido, a administrar la ventaja con la muralla que forma su impenetrable sistema defensivo, con el portero Raúl Fernández a la cabeza. Victoria importante en un campo complicado que mantiene el paso más que firme de los granotas hacia el ascenso.

Aunque esta vez lo justo hubiera sido un empate. El Zaragoza dominó y tuvo las mejores ocasiones, pero la suerte también influye y es fundamental para lograr triunfos como el de ayer. Desde el inicio los maños buscaron el gol, pero siempre se toparon con problemas. Ángel creó un par de sustos a los centrales, primero a Postigo, que se equivocó al quedarse parado y dejó solo al canario delante de Raúl, que evitó el gol. Y después Rober Pier, así que otra vez tuvo que aparecer el portero.

Roger respondió con una espectacular chilena al recibir un envío de Pedro López que se marchó cerca del poste. Luego desperdició una llegada muy clara en la que definió a las nubes. El partido tenía ritmo. Los dos entrenadores apostaron por el buen fútbol y un centro del campo para tocar el balón, lo que favoreció un alto ritmo de juego desde el inicio. Espinosa y Campaña se asociaron en un par de jugadas para demostrar su calidad, pero sólo aparecían con destellos intermitentes. Al Levante le duraba muy poco el balón, Natxo Insa estaba superado y el Zaragoza lo recuperaba pronto. Los maños tenían más empuje, dominaban más.

Los azulgranas parecían adormecidos, pero con dos zarpazos volvieron a dar muestras de su potencial. Morales y Toño, uno por cada banda, se deshicieron con calidad de los laterales pero Roger no acertó a darles el brillo del gol a ambas acciones. El partido no tenía pausa, había velocidad y tensión sobre el césped. El exgranota Xumetra pudo hacer un golazo tras un fuerte disparo que se estrelló en la escuadra. La suerte favorecía a los de Muñiz, que minutos antes vieron cómo el árbitro anulaba un gol en dudoso fuera de juego de Fletcher.

Y en ese duelo de ida y vuelta, el que pegó primero fue el pistolero. Morales, que se cambió a la izquierda, envió un fantástico centro que provocó la confusión entre la salida del portero y la defensa. Allí se metió Roger, que prácticamente con rozar el balón despistó a Irureta y adelantó al Levante. El de Torrent no celebró el tanto por respeto a la afición que vio sus primeros goles en la categoría de plata con la camiseta maña.

Y con ese tanto bastó. No lo había merecido el equipo granota, pero mandaba en el resultado ante un Zaragoza que había acumulado ocasiones. Tras el descanso y con el marcador a favor las cosas fueron más sencillas para el Levante, ya que el equipo se mostraba mucho más ordenado y seguro de sí mismo ante un Zaragoza atropellado por la ansiedad, sabedor de que con el muro que tenía enfrente, le iba a ser muy complicado encontrar un gol. Aunque los maños lo intentaban desde fuera del área, con ese francotirador que es Lanzarote, que puso a prueba a Raúl con un disparo raso.

Campaña no acababa de hacerse con el control del balón, Roger amenazaba al contragolpe, pero el Zaragoza se volcaba al ataque, aunque sin orden ni eficacia. Xumetra le ponía intensidad y voluntad por la izquierda, Cani también hacía daño por la derecha, así que Muñiz quiso reforzar esa banda con la entrada de Abraham por Jason para frenar los ataques aragoneses y crear alguno granota, ya que en la segunda mitad el poder ofensivo azulgrana había quedado mermado.

Los maños embotellaban al líder, que no era capaz de quedarse con el balón en su poder más se diez segundos. La defensa granota era una muralla, de nuevo Postigo y Rober Pier desesperaban a los delanteros rivales. Pero el Zaragoza llegaba al área en oleadas, y para frenar ese peligro constante Muñiz introdujo a Lerma por un Espinosa desaparecido en la segunda mitad.

Ese cambio fue clave para el equipo, le dio un gran desahogo. Los granotas empezaron a tener el balón en campo contrario, por lo que se sacudieron esa presión de los maños, y por fin la posesión les duraba mucho más en su poder. Roger pudo matar el partido pero tampoco tuvo acierto, escorado en el área, para batir al portero. Muñiz había logrado frenar ese arreón del Zaragoza al conseguir que el equipo pasara más tiempo con el balón en su poder. Sólo había que aguantar la recta final para llevarse el triunfo a Valencia. Como ya hiciera la pasada jornada, el técnico dio entrada a Chema en los últimos minutos, como quinto defensa, para que no se escapara el triunfo. Aunque el responsable de hacerlo fue de nuevo Raúl Fernández, que sacó un remate a bocajarro de Dongou a un minuto del final. Una acción para que esa rentabilidad en los impecables números del Levante siga creciendo con Muñiz al frente del negocio de Orriols, que ha convertido un equipo recién descendido en una máquina perfecta que funciona con la precisión de un reloj.

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