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Levante UD | Tito: «Para Primera necesitamos dar un salto de calidad. La palabra competitividad debe existir en el Levante»

«Para Primera necesitamos dar un salto de calidad»
  • El director deportivo del Levante UD, Tito, mantiene su fe en Muñiz: «Nos miramos a los ojos y nos entendemos para bien y para mal»

Vicente Blanco Sánchez 'Tito' (Benidorm, 15 de julio de 1971) fue un futbolista al que le gustó el fútbol. Esto que parece lógico no siempre es así. Hay jugadores que explotan su don sin que les apasione el trabajo. Ordenó a sus (muchos) equipos desde el centro del campo. Con la misma precisión atiende la entrevista. Pausado, sencillo, desde la paz que da ser el director deportivo del Levante, un equipo ya de Primera. En su día amparó a los jugadores que se quedaban desempleados bajo el paraguas de la AFE. Ahora, ha terminado cum laude su primera campaña al frente de un club de fútbol como director deportivo.

¿Cómo se sigue el rastro a un jugador para hacer un equipo de Primera División?

Lo importante no es el nombre sino las características. Y contar con la opinión del entrenador. Vamos a hablar del próximo Levante de la mano de Muñiz.

¿Cómo desarrolla esa labor?

Hasta noviembre desarrollamos un trabajo para detectar a todos los futbolistas que nos podían interesar en el mercado de invierno. Sabíamos qué jugadores podían ser los sustitutos en el caso de una salida. A partir de enero sólo miramos jugadores de forma individual, que puedan ser importantes para la próxima temporada. En enero teníamos perfiles de Primera y de Segunda. Desde marzo, al creer que el ascenso estaba cerca, sólo de Primera para aumentar el nivel. Controlamos todos los jugadores de España. Todos los miembros de mi equipo compartimos carpetas. Carmelo -el secretario técnico- y yo nos sentamos frente a frente en el despacho.

A la hora de elegir, ¿cuánto pesa el hábito de un futbolista?

Es una parte que hay que controlar. Un equipo no puede ser fuerte sin un vestuario unido. Pueden aparecer coletazos de calidad o de gol pero son aspectos muy individuales. El vestuario debe de estar muy unido con el técnico. En el fútbol español no hay jugadores con una tara que no se pueda controlar pero sí es importante saber cuál es su entorno familiar, amigos, sus hábitos... Todo suma.

¿Lo personal puede llegar a descartar un fichaje?

Sí. Hay aspectos que no podemos permitir. Inviertes mucho dinero para que un futbolista rinda no solo en el terreno de juego. Fuera del campo también representa al Levante.

¿Postigo puede ser el ejemplo de ese jugador que responde a una buena selección de futbolistas?

Para nosotros fue fácil. Pasó por el Leganés antes de ir a La Spezia. Lo conozco desde el filial de Osasuna.

Usted en la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) era el encargado de construir a los jugadores en paro una segunda oportunidad. ¿Qué aprendió?

He visto decepciones de jugadores que no han tocado el fútbol profesional o que se han quedado sin equipo. Mira, precisamente Postigo se llegó a poner en contacto con AFE. Intentábamos estar muy cerca del jugador para que se volviera a sentir futbolista dentro de una sociedad que sólo reconoce a los de Primera. Yo entiendo el fútbol como una oportunidad y con trabajo tienes posibilidad de que se alargue. Yo he sido humilde al inicio y al final de mi carrera. Es una palabra que deberíamos utilizar con acciones. Muñiz tiene ese término por bandera, que se basa en el trabajo. Si no tienes una base el rendimiento no llega. Todo parte desde la humildad.

¿Le ha tocado abrirle los ojos a algún futbolista?

Sí. Tu carrera profesional dura hasta los 67 y no hasta los 35, que es lo que piensan ahora los futbolistas. Hay un día después del fútbol y no somos conscientes.

¿Qué hizo usted el día después?

Yo me había preparado antes. No tenía carrera universitaria pero tenía todos los títulos de entrenador. A mí me encanta el fútbol y quería seguir vinculado. Lo mejor era formarme durante los años que jugaba. Aunque no guste hay que estudiar, aprender inglés, saber utilizar redes sociales, un ordenador. Yo tengo dos hijos, uno de 18 y otro de 15, juegan al fútbol, pero no voy a permitir que dejen de estudiar. Yo con 40 años entré en la Universidad. Yo no quiero que le pase eso a mis hijos. Hay que saber administrar lo que ganas. El día después es muy duro.

¿Los futbolistas le hacen caso?

Es difícil, no lo ven. Ni yo lo veía. Yo me di cuenta a partir de los treinta cuando jugaba en el Levante. Yo a los 23 o 24 ya tenía los títulos para entrenar. Veía el fútbol de una forma que me gustaba tomar decisiones a nivel táctico. Las reglas del juego las aprendí sacándome los títulos de entrenador.

¿De qué entrenadores aprendió?

Quique Hernández me marcó en el Benidorm con 16 años. Lo recordaré como el primer entrenador que me enseñó aspectos técnicos y tácticos. En aspectos formativos, Luis Sánchez Duque en el Albacete, que era una persona muy preparada. Me hizo pensar que los jugadores deberíamos tener el curso de entrenador por saber las reglas del juego.

¿Quién le ató los pies al suelo en su época de jugador?

Mi mujer, con la que estoy desde los 15 años. Somos de Benidorm. Me fui a Barcelona y estuve allí seis años y ella en Benidorm y seguimos juntos. Nos casamos a los 22. Mi mujer es una persona muy normal. Soy de una familia muy humilde, mi padre falleció, tengo tres hermanas y mi madre siempre me decía: «cuando salgas de casa, sal limpio». Soy humilde por mis padres, trabajadores y el hecho de estar desde muy joven con mi mujer y ser padre pronto me hizo muy responsable casi de forma natural.

¿Sus hijos le hacen caso?

Lo hemos intentado hacer todo de la forma más normal posible. El primero me ha visto jugar en Primera, me ha visto entrenar... Con la normalidad de un padre que ha jugado al fútbol pero que no ha sido una estrella. Un padre que se esforzaba y su figura dentro de casa, que era lo más importante. ¿Estudiar?, tienen que estudiar. Siempre voy a valorar el esfuerzo en todo.

Una temporada después, echa la vista atrás y ha sido un ascenso sencillo. ¿Tuvo vértigo al principio?

Tenía tanta ilusión que era hasta inconsciente. Estaba preparado para el reto, para subir. En el club había cierta tristeza y rabia por el descenso. Además, el compromiso aumenta al estar los lazos emocionales. Yo había jugado en el Levante.

¿Muñiz ha sido su prolongación en el terreno de juego?

Yo tenía la obligación de buscar un entrenador que fuera bueno para el equipo. Tenía perfiles muy claros. Sólo sabíamos Carmelo y yo el nombre de los técnicos que encajaban en nuestra filosofía y en la del club. Tras hablar con Muñiz, me reuní con Carmelo y le dije: «Muñiz es la persona con la que mirándole a los ojos nos vamos a entender para bien y para mal». Muñiz y yo habíamos sido compañeros dos años. Sé cómo actúa, su talante. Los dos somos tranquilos. Es un tipo que encaja dentro de mi forma de actuar.

¿No hay problema para que ocupe el banquillo en Primera?

No, ningún problema. Lo hemos hablado y sabemos que la voluntad de los dos es la misma.

Es un entrenador con personalidad. Espinosa y Saveljich todavía recordarán su cambio tras salir desde el banquillo.

En el fútbol las reglas son once titulares y tres cambios. Cambiar a un jugador no es un capricho sino una decisión táctica. Aquí lo primordial es el respeto y el míster está para tomar decisiones. No quiso hacerle daño ni a Espinosa ni a Saveljich sino mejorar.

Al principio de la temporada, ¿era más fácil subir a Primera o bajar a Segunda B -mire como sufren Almería, Rayo o Nàstic-?

Para mí lo que hemos hecho es dificilísimo, tiene mucho mérito, ha sido bestial.

¿En qué partido sintió que el ascenso estaba hecho?

Fue al volver de las vacaciones de enero y sentir que el equipo competía igual. Veía todos los entrenamientos y me quedaba tranquilo. Sólo tuve algo de nerviosismo en el minuto 75 del partido ante el Numancia -el primero de la Liga- cuando íbamos 0-1. El Numancia nos apretaba.

Formaron un equipo de Segunda para subir. ¿Ahora cómo se hace uno de Primera?

Quiero romper una lanza a favor de los jugadores que están en Segunda porque muchos pueden estar en Primera. La Segunda española es potente. Pero para jugar en Primera necesitamos un salto de calidad. Hicimos un equipo con una base muy sólida pero es cierto que necesitamos sumar una serie de futbolistas que sean jugadores que conozcan la exigencia de la nueva categoría.

¿Cuál es el perfil?

La palabra competitividad tiene que existir en este equipo.

¿Prepara un Levante de toque o de garra?

Este año hemos sido capaces en la mayoría de los partidos de tener más posesión pero hay otros en que no es así y debes estar preparado. El Levante debe trabajar cuando tiene el balón y cuando no lo tiene. Hay que ser muy competitivo en todas las formas del juego y las debemos dominar. Finalizar las jugadas con posesión y cuando no se tiene el balón, robar y velocidad.

La cesión de jugadores de otros equipos es una buena fórmula

Ya lo hemos hecho este año en Segunda. Vamos a estar tocando todas las puertas.

¿Cuántas piezas le faltan a su Levante?

No lo sé. Tenemos contratos, cesiones. Unos 19 jugadores. Si le digo que con seis jugadores se cierra pues a lo mejor me equivoco. Hay gente que igual se quiere ir, ventas...

¿El dinero para fichar da la felicidad?

Vamos a estar en Primera y somos el Levante, pero es obvio que con dinero es claro que tienes más opciones.

¿Es Rober Pier el modelo que se busca? ¿Va a seguir?

Me gustaría que esto no se leyera en A Coruña (sonríe). Es un jugador al que le damos mucho valor. No ha sido un experimento. Hablamos con técnicos, con su entorno. Todos los jugadores de la primera plantilla han sido seleccionados. Aquí entra lo de los hábitos. Rober es humilde, trabajador, cada día entrenaba a destajo. Se lo ha ganado. Puede ser importante para el futuro y ojalá sea en el Levante.

¿Ya sabe qué va a pasar con Camarasa y Deyverson?

No hay nada sobre la mesa. Cuando termine su cesión son jugadores del Levante. No tenemos conocimiento de movimientos.

¿Cuántas novias deportivas le han salido tras el ascenso?

No, no valoro nada. Soy la persona más feliz del mundo estando donde quiero estar.

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